domingo, 23 de julio de 2017

Croquetas viajeras/Kroketa bidaiariak



Todos hemos oído contar la típica historia de una persona (generalmente una señora de hace medio siglo) que de repente siente deseo de comer algo muy especial: envía entonces a su chófer o a un taxista a buscar una caja de esos dulces, o una mariscada a Galicia, o lo que se le haya metido en la cabeza.

Alguna vez hemos viajado  a algún lugar y nos hemos traído algo de la gastronomía local con lo que se nos ha hecho la boca agua, otros hemos viajado fuera de casa por diversos motivos. En cada visita la maleta se llena de todo lo bueno del hogar que en ningún sitio podemos encontrar. También los famosos paquetes de correos en los que venia un trozo de ese lugar que añoramos.

Una mezcla de todo eso son nuestras croquetas, normalmente la ración son once, pero tuvimos la suerte que Irune nos viera cara de hambre y pusiera 13.

Para nosotros las mejores croquetas del mundo son las del Umandi


Una besamel cremosa, jamón serrano delicioso y nunca salado,  una cobertura que resiste mil kilometros, calores y hambre canina de dos.

En cuanto al restaurante, destacar que Aitor e Irune te hacen sentir en casa, una carta variada, de calidad y una cocina más que profesional. Para todos aquellos que queráis conocer la cocina del Norte, y lugares que no son los de siempre. 


Imágenes propias bajo la misma licencia que el Blog. 

Ainhoa y Guille. 

domingo, 9 de julio de 2017

Experimentos chinos



Es posible que hayáis probado la receta: sopa agripicante, sobre la que se discute siempre si es originaria de la cocina de Pekín o de la de Sichuan. En este caso, va a dar lo mismo.

La teoría es que existen culturas muy distintas que utilizan comidas o bebidas bien calientes, o muy picantes, o ambas cosas, para refrescarse. Hemos visto esos vasos de té moruno echando humo y consumidos del trago en el desierto. Y nadie se muere por hacerlo. Al revés. Se refresca.

A grandes males, grandes remedios. Me envasé el cuenco de sopa. No tengo cobayas a mano, ni tampoco creo que se dejaran convencer. Podéis imaginarlo. Casi un dibujo animado de esos en los que el personaje se pone rojo, llora (no, los ojos no se salen de sus cuencas), echa humo por las narices, moquea y suda transformado en una fuente.

Y luego, milagro, te refrescas. Mucho. Tanto como para poder dormir en vez de pasar otra noche en una poza de sudor vuelta y vuelta. Conste que no os lo recomiendo (a cada loco, su receta), pero sí sostengo que funciona.

Para científicos, osados y demás, la fórmula:





Imagen propia, bajo la misma licencia que el blog.