miércoles, 30 de abril de 2014

Miércoles, en algunos sitios.



Algunas veces, la lógica funciona. Miércoles en una gran superficie. Lo que guardaste desde el sábado en cámaras o refrigerado ya no te vale, los días de caducidad han seguido corriendo. Y es demasiado temprano para que la gente se aprovisione cara a un fin de semana que para algunos es puente.

Miércoles, el día de la tierra de nadie. O es tarde, o temprano. La ensalada César, y las hamburguesas vegetales que veis, a un euro cada cosa. Ya, ya, hay que ser un poco vegetariano. O ponerse a hacer cuentas, nunca se sabe.

La ensalada lleva lo que más o menos se ve: rúcula, canónigos, lollo rosso, cebolleta, unos testimoniales cubos de queso cheddar, y costrones de pan. Y su salsa, una especie de mahonesa light con hierbas. 

Las hamburguesas son de espelta (dos de ellas) y de pimiento rojo y algas las otras dos, Por supuesto, la base es soja. Vuelta y vuelta.



A todo esto...158 Kcal. por cada ración de dos hamburguesas. Por si alguien piensa en bañadores, o en ir a una playa nudista. O en desintoxicarse. O en hacerle una pedorreta al Alcampo. O en lo que le de la real gana.


Imágenes propias, bajo la misma licencia del blog.

lunes, 28 de abril de 2014

Gritos.


Muchas veces escuchamos las noticias en la radio, las vemos en la televisión o las leemos en prensa, y en internet, y a pares o por decenas hablan de la violencia contra seres humanos, sea cual sea su género, edad, condición social: da lo mismo.

Lo que nos muestran  esas imágenes, voces, o palabras es que nadie  sabe nada, y que no había nada fuera de lo normal. No voy a poner en entredicho esas palabras ya que dicen las escrituras, y si no  lo digo yo, que es mejor no juzgar.

Por circunstancias de la vida, una maleta en la puerta y nuevos horizontes que descubrir he vivido en varios lugares, pueblos  pequeños y ciudades, barrios pequeños y tranquilos y otros más grandes.

Zonas deprimidas unas, menos abandonadas otras de la mano de Dios. En todas me he encontrado un nexo común: los gritos.

Muy lejos quedan los cuentos de hadas y las ficciones en las que vivimos sumergidos, de color de rosa y algodón, que quieren que  creamos.

Tormentas de gritos e insultos que duran horas y horas en el silencio de un edificio de varias  alturas, por la mañana, en la madrugada, a la hora de la siesta; entre cónyuges que pasados unos días en una apoteósica descarga de adrenalina de juerga, se juraran amor eterno, y tras unos momentos volverán a tirarse los trastos a la cabeza.

Criaturas que son demasiado pequeñas para  entender la vorágine en  que están sumergidas sus vidas, y lloran y piden atención recibiendo como premio improperios, y más gritos.
Conductas aprendidas que se repiten desde el principio de los tiempos, en el que hasta que no tienes a alguien que poder maltratar no eres nadie.

Violencia que se esconde detrás de las puertas,  que nunca saldrá de ellas, pobre de aquel que se atreva a intentar ponerle remedio: tan sólo recibirá una muralla de indiferencia, o se verá expulsado por el torbellino de la ira de muchos.

Peleas en la calle buscando a la presa en la euforia de la noche, descargando todo lo que sufren fuera de los límites de sus mundos: alguien tiene la culpa,  alguien pagará por ello.
Los pobres locos que no se meten con nadie y se pelean con todos  claman su desgracia, su historia, y curiosamente son los que más verdades dicen: ya sobrepasaron el límite y sus gritos son como los de la sibila, aúllan verdades y nadie quiere escucharlos.

Pueden ustedes pensar, que es un sueño o una pesadilla, pero lastimosamente, sigue existiendo esa España negra, tan diferente, tan traicionera.

Cuanto más pequeños son los lugares en los que se vive más se sabe, y menos. Seguro que algunos de ustedes saben a qué me refiero.
Quizá todo lo dicho hasta ahora ha marcado mi vida y me ha enseñado a pensar más, y meditar antes de dejarme llevar por el torbellino de emociones que en la mayoría de los casos  llevan al daño y a esa parte oscura que  todos tenemos.

Los gritos no son malos, malo es el uso que se da de ellos, hay quien grita de alegría o de dolor en un momento dado y necesita liberarse de algo que le quema por dentro.

A mí me han dicho siempre: vete a un sitio en el que no molestes, da tres o cuatro voces, patalea y verás cómo te sientes mejor.  Sin duda alguna es mano de santo.


Por eso os animo a meditar antes de dar uno de esos gritos que pueda llevaros por un camino del que a veces no es tan fácil salir.

Fuente imagen: wikipedia, wikimedia commons: autor: urcomunicacion 

jueves, 24 de abril de 2014

Más limpios que los egipcios...



Para los antiguos egipcios el aseo y los cuidados corporales estaban íntimamente relacionados no sólo con la salud, sino con la misma cultura que deseaba prolongar la juventud y la belleza eternamente en el Más Allá y, por tanto, con aspectos religiosos además de higiénicos o prácticos.

El baño diario, la depilación o el maquillaje no eran algo  reservado a  las capas más altas de la sociedad. Tampoco se trataba de costumbres femeninas. Mujeres y hombres se cuidaban, depilaban, perfumaban y maquillaban por igual. Los matices económicos estaban en la cantidad y calidad de productos o técnicas, no en el uso cotidiano.

El baño era el primer ritual del día. En el patio de las viviendas modestas, en los templos, en las casas señoriales o en los palacios se usaba agua y hierba saponaria. Agua  vertida en jarras de barro para la mayoría, o a través de cestas que hacían el efecto de una ducha. Saponaria tan sólo, o la hierba mezclada con otras aromáticas que ejercían a la vez el efecto de un guante de crin. Cuando el agua no estaba a mano -en el caso de comerciantes en caravana, o de ejércitos acantonados en lugares áridos- se frotaban el cuerpo con arena fina.

Sólo los sacerdotes se rapaban la cabeza, como símbolo de pureza ritual. El resto cuidaba su pelo (y sus pelucas) minuciosamente. Solemos pensar que las pelucas de pelo natural eran objetos de lujo reservados a la nobleza. Sin embargo, las había de fibras vegetales, mucho más baratas. La peluca no es únicamente una muestra de estatus o  la tendencia de moda, sirve para proteger del sol. Y las canas se teñían con henna.

El clima, y la repugnancia generalizada de los egipcios hacia los malos olores -gran número de insultos son sinónimos de 'hediondo'- así como la abundancia de insectos parásitos, hacían de la depilación una necesidad. Ellas y ellos empleaban la denominada 'cera de azúcar', una masa de azúcar, limón y agua que se calentaba hasta ser manejable para extenderla con una cuchara de madera. Para otras zonas y retoques empleaban pinzas.

El papiro médico Ebers (h. 1150 a.Xto) ofrece algunas recetas en las que aseo e higiene se unifican. Crema exfoliante para rostro y cuerpo, fabricada con alabastro molido, natrón rojo, sal y miel. El alabastro se sustituía por arena muy fina entre las clases populares. Tras eliminar así las células muertas empleaban hidratante. La base era una mezcla de miel, áloe vera y aceite de almendra. De precio superior, a la misma receta se añadía aceite de cedro, de palma, o grasas animales.

En cuanto al desodorante (imprescindible antes haberse depilado las axilas) se componía de alumbre, trementina e incienso en la versión popular, y de lo mismo más mirra -en mayor o menor cantidad- a medida que se subía en la escala social.

Al despertar, tras cada comida y antes de acostarse los egipcios realizaban enjuagues bucales con natrón y bicarbonato disueltos en agua. Esa receta era la misma para todos. Quien podía gastar más utilizaba algo semejante a caramelos de semillas de alholva trituradas. Y arriba de la lista de precios, los caramelos contenían alholva, mirra, bayas de enebro y resina de acacia, pareciéndose más a un chicle para tener el aliento perfumado.

El protagonista del maquillaje era el kohl para los ojos. Los protegía
de las numerosas infecciones actuando como un antiséptico natural.



Las sombras de ojos se obtienen triturando minerales y mezclándolos con una base grasa. Los más populares eran los verdes y azules, respectivamente polvo de malaquita y azurita. Existían también de antimonio y lapislázuli. El colorete y el rojo de labios se extraían del fucus, un género de alga rojo-parduzca. Y para tintarse el cuerpo empleaban ocre (óxido de hierro hidratado), con semejante función a la que desempeñan ahora los autobronceadores.

El citado papiro Ebers dedica una gran parte de su contenido al arte de la perfumería, tanto en forma de aceites como de ungüentos. Los perfumes elaborados sí eran privativos de nobles y realeza, puesto que muchos de sus componentes eran materias primas importadas. El papiro cita, entre otras, el betún de Judea, el estoraque, benjuí, incienso, mirra...y aceites exóticos de nardo, cedro y sésamo.



Imágenes: Wikimedia Commons.

miércoles, 16 de abril de 2014

Días de Bacalao, esta vez "dorado"



Ya esta aquí la semana santa, con el bacalao como protagonista, en potaje, solo, con patatas... nosotros vamos a ofreceros una receta muy barata y vistosa para que quedéis como los reyes de la Pascua. 


La receta original proviene del barrio alto de Lisboa. La hacía un taverneiro  el senhor Braz, usando los restos del bacalao a la plancha. 



Vamos a empezar con el invento, para que tengáis tiempo de comprar si os falta algo, y en Viernes Santo, os ponéis las botas.




Cien gramos de bacalao por persona, un huevo por comensal, ajos al gusto, cebolleta, o cebolla, y patatas. 


Aceite de oliva para freír, azafrán o similar, sal y pimienta y perejil. 



Desmigamos el bacalao picamos la cebolla y el ajo. Hacemos un sofrito en poco aceite con el ajo y la cebolla, y cuando este pochado le añadimos el azafrán y el bacalao desmigado y pimienta al gusto, cuidadito con la sal que el bacalao es salado por sí mismo. 




Mientras pelamos y cortamos las patatas, finas eso también a gusto de quien cocina, aconsejamos que sean a estilo paja. Las ponemos a freír.



Batimos los huevos y les añadimos el perejil.



Incorporamos los huevos a la sartén que tiene el bacalao, despacito y teniendo en cuenta que va quedar como un revuelto, no dejarlo hacer ni poco ni mucho, que quede jugoso.

Después lo único que queda es emplatar, las patatas primero como cama y el revuelto encima.




Buen provecho!!!! y que paséis a gusto estos días.  


Fuente imágenes: Propias, misma licencia que el Blog. 













martes, 15 de abril de 2014

Opus nigrum.




Se llama 'trabajo en negro', 'blackwork' o 'bordado español', y su historia resulta curiosa. Parece ser que Catalina de Aragón y Castilla, primera esposa de Enrique VIII de Inglaterra, llevó en su ajuar una gran cantidad de ropa bordada con esa técnica. La técnica en sí (bordar con seda o lana teñida de negro especialmente, aunque también de rojo, sobre lino o algodón) tenía tradición en la península ibérica. La influencia musulmana en esos bordados y en los realizados con hilos metálicos de plata u oro puede rastrearse en objetos conservados actualmente hasta el siglo XIII. Bordados así aparecen en ropas y cojines expuestos en el Museo de Telas (Burgos).



El trabajo en negro pasó a ser una moda en Inglaterra. Una moda limitada a la corte y la alta nobleza. Se trataba de una labor especializada, cara y difícil de mantener en buen estado. Todos los bordados debían poder quitarse del traje antes de limpiarlo, y su propia limpieza requería un cuidado extremo. Solían meterse en agua fría con sal, unas gotas de limón y el almidón necesario para mantenerlos ligeramente rígidos.



La dificultad de conservación aumenta debido a la proporción de colores ferrosos utilizados para la tintura. Debido a ello se importaba a Inglaterra seda o lana peninsular, cuya coloración empleaba mucho menos residuos ferruginosos. Los bordados que aún podemos ver en retratos de Enrique VIII o Isabel I tenían ese origen.



(1) Dama con una liebre. Juan de Borgoña, fines siglo XV. Bordado español 'primitivo'.
(2) Bonete del infante don Felipe, siglo XIII. Bordado en negro con hilos de oro y plata, Museo Telas (Burgos).
(3) Izda. Detalle bordado español e el Retrato de Jane Seymour, Hans Holbein, 1537. Dcha. detalle del retrato inferior
(4) Isabel I. autor anónimo, 1590.



Imágenes: Wikimedia Commons.

martes, 8 de abril de 2014

Olores que alimentan cuerpo y alma.




No tenía muy claro dónde poner este post, quizá porque en cualquiera de los dos blogs pegaría perfectamente. Muchos de nuestros recuerdos se basan en imágenes, sonidos, tacto y, como no, en olores.

El domingo nos apeteció liarnos la manta a la cabeza y hacer un bizcocho para tener algo dulce que degustar durante la semana. Pendiente queda el poneros el  reportaje fotográfico y la receta ya que es muy fácil y es más sano que muchas de las galletas o bollería que podemos comprar, y más barato.

Cuando pasado un rato en el horno comenzó a desprenderse el olor a postre y masa fermentada, cerré los ojos y  recordé tantos olores que han formado parte de mi vida, y pensé en los que quedan por descubrir y disfrutar.

Si cerramos los ojos seguro que somos capaces de recordar muchos de ellos: a ropa limpia, a primavera, a algún lugar en particular   que nos traerán muy buenos recuerdos.

No es un mal ejercicio de relajación  y  memoria, que en épocas de estrés y melancolía nos ayuda a estar  de mejor humor y a ejercitar  a nuestro buen amigo el cerebro.

A veces me gusta salir de la habitación en la que me encuentro y volver a entrar para percibir los olores que hay en ella, sobre todo si antes hemos cocinado algo exquisito, o puesto incienso
.
Los libros también tienen sus propios olores: desde el arqueológico polvo hasta la temida humedad,  o haberse quedado impregnado del olor de algo que se guardó entre sus propias hojas.

Una flor, una carta escrita hace años,  el recorte de un periódico o  la muestra de alguna revista, ya sea de colonia o crema. Un número de teléfono, una foto antigua en blanco y negro con olor a perfume de hombre o  mujer.
Los joyeros o cajas de madera, también son lugar de olores poco frecuentes, allí reposan secretos y recuerdos. Los desvanes, camarotes y trasteros que tocan el cielo y los garajes y bodegas también tienen su propia gama de aromas, que despiertan nuestros sentidos y curiosidad.

Un último apunte seria la reflexión de los dos polos de este mundo de los olores. Nos disfrazamos de tantas fragancias con cremas y colonias, y una larga lista de componentes químicos, que estamos creando alergias que antes no existían, y no nos permitimos disfrutar de nuestros propios olores corporales que normalmente nos avisan de lo que ocurre en nosotros mismos.

El otro polo es querer conseguir la ausencia de olores menos agradables,  respondiendo a la pregunta aquella que decía un anuncio ¿A que huelen las nubes?

Las nubes olerán a todo aquello que haya entrado en contacto con ellas. Lo mismo pasa con nosotros, somos aquello que nos rodea por lo tanto menos química y más agua y jabón.


¿Qué olores os gustan y cuales os traen más gratos recuerdos?



Autor: Sten Porse. 

Arena y marea.



Martes, pescadería de barrio...si sumamos los gastos totales, tiempo de uso del gas incluído, sale aproximadamente a 5.5 euros una comida para dos. Casera. ¿Listos? Vamos allá.

Mejillones, gamba arrocera, sepia, cebolleta, ajo, pimiento rojo y verde, limón. En el bodegón no sale el chorrito de aceite, ni el 'paellero' o polvos estilo azafrán, ni el arroz, ni el caldo de pescado. Pero hay que tenerlo todo a mano.

Mientras se abren los mejillones al vapor, tabla de picar, cuchillo afilado, y tendremos lo que veis ahora...



Una sartén (o una paella, si tenéis) con su chorrito de aceite al fuego, y por orden se rehogan la sepia, la verdura y las gambas. Añadimos el polvo mágico color azafrán, el arroz, el caldo de pescado y las gambas...



Ahora es cuestión de vigilar el equilibrio hervor-caldo, añadir sal si está soso, y esperar. Para un arroz 'seco', tipo paella, con su reposo y decoración con los mejillones que ya se habían hecho al inicio, más o menos 15 minutos. A quienes les guste un poquito de 'socarrat' en en fondo, la nariz les avisará sobradamente. Buen provecho, y resultado final.



Imágenes propias, bajo la misma licencia que el blog.