martes, 12 de septiembre de 2017

Tortillas mexicanas con gambas y calamar



Las tortillas (en este caso, de maíz) admiten de todo. Siempre se puede discutir si la receta es ortodoxa o no, pero os aseguro que queda muy rico.

Necesitamos unos calamares, mejor pequeños. Se limpian bien y se trocean. Es conveniente que estén bien picados, para que se integren en la salsa. Salsa de tomate, siempre mejor casera, que agradece algunas verduras igualmente muy picaditas: cebolla, pimiento verde, ajo, zanahoria. Y, por supuesto, chile. Picante. Al gusto, eso sí.

Los calamares troceados se pasan por la sartén con un poco de aceite y zumo de limón o lima. Se salpimentan, y se reservan.

Momento de preparar la salsa de tomate. Debe quedar espesa, con cuerpo, para que luego no se salga de la tortilla.
Hecho esto, se incorporan los calamares y las gambas peladas. 

Aparte se hace el guacamole: aguacate, cebolla, tomate, sal, pimienta, un toque picante si gusta. Hay quien lo hace con la batidora. Nosotros lo preferimos en trocitos. Se riega con zumo de limón o lima y unas gotas de aceite.

El resto es servirlo. Sobre la tortilla se pone queso, hojas de lechugas si gusta, y la mezcla preparada. La variedad de acompañamientos y salsas queda a la imaginación de cada cual. Se dobla la tortilla con maña...y buen provecho.



Imagen propia, bajo la misma licencia que el blog.

lunes, 28 de agosto de 2017

Pizza y una abadía belga.



Una pizza de domingo noche inspirada por aquello de que algunos frailes no comen carne, la cerveza era de abadía, y (por otra parte) lo que hay en la nevera manda.

Base de pizza: eso ya sabéis. Hay quien la hace, quien la compra en un horno, o congelada en un super; el grosor de la masa es otro asunto muy personal, de modo que quede al gusto de cada quien elegir su estilo.

Queso. Quesos, en este caso. Una mitad lleva salsa de tomate a la griega, espesa, hecha con queso Feta y tomates deshidratados. En esa parte se hace un hueco con una cucharilla y en los huecos se cascan unos huevos de codorniz. Le da un toque distinto.

En la otra mitad se espolvorea orégano y se colocan unos filetes de anchoa en conserva. Luego se lleva al horno, y a cenar.


La cerveza tostada posee toques de caramelo, especias, cereal y frutos secos. Es fresca en la boca, y va perfectamente con sabores algo intensos -la parte de anchoas de la pizza- o picantes (la otra mitad).





Imágenes propias, bajo la misma licencia que el blog.

domingo, 20 de agosto de 2017

Coto y bogavante en agosto, mejor que en diciembre.






A veces la vida te sorprende y te encuentras un ofertón: Bogavante cocido a menos de diez euros y con celebración el fin de semana. No me lo pensé dos veces, con lo que me ahorré me traje una delicatessen japonesa, bolas de pulpo y un Coto blanco de 2016.




Una ensalada, con lechuga, zanahoria, cebolla, aceitunas, pepinillos, uvas blancas, y unos espárragos y por supuesto el bogavante. Parte de las patas y el cuerpo lo dejamos para comerlo solo y disfrutarlo sin aderezos.


En cuanto al vino de Bodegas Coto, situadas en Oion (Rioja Alavesa), nos sorprendió: ya habíamos probado su tinto, decidimos aventurarnos a catar el blanco. Con una mezcla de Viura, Verdejo, y Sauvignon Blanc, su sabor nos resultó familiar, y perfecto para maridar con nuestra cena.

Las uvas proceden de su viñedo de la Carbonera, a 840 metros de altitud, en su cata, fresco en nariz y boca que recuerda a frutas blancas y dando paso a un sabor cítrico. Su temperatura para servir entre 7 y 8 grados. Ideal para acompañar, mariscos, y pescados.


Imágenes propias bajo la misma licencia que el Blog. 









jueves, 3 de agosto de 2017

Solaguen: ecos de la Rioja (Alavesa)

Después de un inicio de verano de idas y venidas, carreras y calores, Guille y yo decidimos que era tiempo de darnos un respiro. Frutos del mar, encurtidos, tomate, lechuga y arroz y la mesa está servida. 







Como acompañamiento vinícola nos decantamos por Solaguen Viura (blanco) La bodega se encuentra en Labastida, (Rioja Alavesa). Es un vino joven, el mas temprano en cosecharse,  de sabor afrutado y con una moderada graduación alcohólica. De acidez media y complejos aromas, a mi entender lo hace más seco que afrutado.

De precio medio, e  ideal para acompañar un aperitivo, o con un buen arroz, pasta, pescado, marisco y ensalada, y con queso, todo eso lo teníamos en la cena en pequeñas cantidades, y fue un éxito.



Imágenes propias, bajo la misma licencia que el Blog. 

domingo, 23 de julio de 2017

Croquetas viajeras/Kroketa bidaiariak



Todos hemos oído contar la típica historia de una persona (generalmente una señora de hace medio siglo) que de repente siente deseo de comer algo muy especial: envía entonces a su chófer o a un taxista a buscar una caja de esos dulces, o una mariscada a Galicia, o lo que se le haya metido en la cabeza.

Alguna vez hemos viajado  a algún lugar y nos hemos traído algo de la gastronomía local con lo que se nos ha hecho la boca agua, otros hemos viajado fuera de casa por diversos motivos. En cada visita la maleta se llena de todo lo bueno del hogar que en ningún sitio podemos encontrar. También los famosos paquetes de correos en los que venia un trozo de ese lugar que añoramos.

Una mezcla de todo eso son nuestras croquetas, normalmente la ración son once, pero tuvimos la suerte que Irune nos viera cara de hambre y pusiera 13.

Para nosotros las mejores croquetas del mundo son las del Umandi


Una besamel cremosa, jamón serrano delicioso y nunca salado,  una cobertura que resiste mil kilometros, calores y hambre canina de dos.

En cuanto al restaurante, destacar que Aitor e Irune te hacen sentir en casa, una carta variada, de calidad y una cocina más que profesional. Para todos aquellos que queráis conocer la cocina del Norte, y lugares que no son los de siempre. 


Imágenes propias bajo la misma licencia que el Blog. 

Ainhoa y Guille. 

domingo, 9 de julio de 2017

Experimentos chinos



Es posible que hayáis probado la receta: sopa agripicante, sobre la que se discute siempre si es originaria de la cocina de Pekín o de la de Sichuan. En este caso, va a dar lo mismo.

La teoría es que existen culturas muy distintas que utilizan comidas o bebidas bien calientes, o muy picantes, o ambas cosas, para refrescarse. Hemos visto esos vasos de té moruno echando humo y consumidos del trago en el desierto. Y nadie se muere por hacerlo. Al revés. Se refresca.

A grandes males, grandes remedios. Me envasé el cuenco de sopa. No tengo cobayas a mano, ni tampoco creo que se dejaran convencer. Podéis imaginarlo. Casi un dibujo animado de esos en los que el personaje se pone rojo, llora (no, los ojos no se salen de sus cuencas), echa humo por las narices, moquea y suda transformado en una fuente.

Y luego, milagro, te refrescas. Mucho. Tanto como para poder dormir en vez de pasar otra noche en una poza de sudor vuelta y vuelta. Conste que no os lo recomiendo (a cada loco, su receta), pero sí sostengo que funciona.

Para científicos, osados y demás, la fórmula:





Imagen propia, bajo la misma licencia que el blog.



jueves, 29 de junio de 2017

Ajoblanco.







Para el calor sin misericordia tenemos dos variedades de lo que se suele llamar gazpacho. El que ahora nos parece más común, con base de tomate, y la versión antigua: el ajoblanco.

El gazpacho rojo, el de tomate, es conocido en todas partes. Sin embargo se trata de una receta casi de anteayer, que no encontramos en ningún recetario antes del siglo XIX. El tomate tuvo mala prensa desde que llegó de América. Popularmente se consideraba una planta venenosa. O sospechosa. En principio era cara, por supuesto. No se fiaban de él.

Sin embargo, el ajoblanco tiene solera. Romana. Era entonces un plato común, tanto en su  variedad modesta y popular, con base de harina de habas secas, como en la versión que hoy solemos consumir y que entonces pocos podían permitirse, o no a diario: la de almendras.

Existen variedades infinitas. Aquí tenéis una:

Necesitamos cien gramos de almendras crudas y peladas, la misma cantidad de miga de pan duro, agua muy fría, aceite de oliva virgen, sal, pimienta, entre uno y dos dientes de ajo, y unas uvas. Variedad, la que prefiráis.

La miga se remoja en agua helada. Se añaden las almendras, los ajos, el aceite, la sal y la pimienta. Batidora hasta conseguir una sopa muy blanca con una ligera textura, nunca aguada. De ahí a la nevera.

Se consume muy frío, decorado con unos granos de uva. También existen variantes a la hora de decorar, de modo que imaginación y probadlo. No os defraudará. 



Wikimedia Commons.